Parajes y Casillas: un viaje a la arquitectura rural más auténtica
En los alrededores de El Tranco del Lobo espera uno de los elementos más singulares del paisaje rural: los tradicionales Gallineros. Estas pequeñas construcciones, consideradas las edificaciones más antiguas del campo, forman parte del patrimonio cultural de la zona y representan la esencia de la vida agrícola de otros tiempos.
Su nombre procede de los antiguos gallineros portátiles de mimbre, utilizados para transportar aves. El parecido entre esas jaulas cónicas y estas estructuras de piedra es evidente: ambas comparten una forma sencilla, práctica y sorprendentemente ingeniosa.

Arquitectura nacida de la tierra
Los Gallineros se levantan utilizando la piedra del propio terreno, encajada con precisión y sin necesidad de mortero. Su estructura cónica, abierta tanto en la base —donde se encuentra la puerta— como en la cima, es uno de sus rasgos más característicos.
Ese pequeño hueco en lo alto actúa como chimenea natural, permitiendo la ventilación y dejando pasar la luz del día, lo que hacía más cómodo y funcional su interior.
Estas casillas servían como refugio para pastores, cobijo para resguardarse del sol o la lluvia, o pequeño almacén para herramientas y alimentos. Su presencia, dispersa por el paisaje, recuerda la estrecha relación entre el ser humano y la naturaleza, y cómo el ingenio popular se adaptaba al entorno sin alterarlo.

Qué espera al visitante
Quien se acerque a conocer esta zona encontrará:
- Construcciones tradicionales únicas, llenas de historia y completamente integradas en el paisaje.
- Senderos tranquilos, perfectos para pasear y descubrir estos refugios de piedra entre campos y parajes naturales.
- Un entorno fotogénico, donde la luz, la vegetación y la arquitectura rural crean escenas ideales para los amantes de la fotografía.
- Un acercamiento real a la vida rural, sin artificios, sin prisa y con el encanto de lo auténtico.
Explorar los Gallineros y las casillas tradicionales es una forma de conocer el territorio desde su raíz, más allá de los lugares turísticos habituales. Un pequeño tesoro que hace que cada visita a El Tranco del Lobo se convierta en una experiencia diferente, tranquila y profundamente conectada con la naturaleza y la historia local.
